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La ‘noche de brujas’ pasará en un abrir y cerrar de ojos. Pasará también la sensación de miedo y terror a la que muchos disfrutan entregarse durante este mes; la voluntad y los esfuerzos de hacer de esta celebración algo más sostenible quedarán ya para el 2021. Las señales de la naturaleza, en cambio, serán cada vez más fuertes, e impredecibles.

No quisiera asustarme, no disfruto hacerlo; pero ante las evidencias científicas, cada vez más contundentes, es imposible que el miedo no llegue. Y es que nuestras acciones y decisiones aún no son lo suficientemente transformadoras para detener la pérdida de naturaleza y el cambio climático. Aquí les cuento algunos datos.

¿Realmente estamos comprometidos?

En el 2010, 190 Estados miembros que hacen parte del Convenio de Diversidad Biológica se comprometieron con 20 metas para detener la pérdida de biodiversidad, proteger los ecosistemas y conservar la riqueza natural. Una década después, ninguna de estas se cumplió en su totalidad. Muchos hábitats naturales siguen desapareciendo y mientras esto siga ocurriendo, un gran número de especies se enfrentan a la extinción.

¿Qué viene entonces? nuevos objetivos. El pasado 28 de septiembre, durante la Asamblea General de las Naciones Unidas celebrada por primera vez de forma virtual, 77 gobernantes firmaron 10 acciones puntuales que deben cumplirse antes de 2030. Uno de los retos más grandes es lograr patrones de producción y consumo sostenibles. Lo hemos hablado aquí antes: nuestro sistema alimentario actual es responsable de al menos el 25% de las emisiones de gases causantes del cambio climático.

Diez años para reescribir nuestra historia

El planeta también tiene límites y uno de ellos podría alcanzarse muy pronto, en el 2030. A partir de este año, viviríamos los impactos más graves del cambio climático. Lo que hemos visto en estos años ha sido suficientemente grave: tormentas, inundaciones, huracanes y fenómenos naturales cada vez más extremos y frecuentes. Sin embargo, podría ser peor.

En los últimos tres años, el planeta ha alcanzado niveles récord de concentración de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático. En 2018, por ejemplo, la atmósfera tuvo una concentración de dióxido de carbono (CO2) -uno de estos gases contaminantes y particularmente dañino porque permanece en la atmósfera durante siglos y en los océanos por más tiempo- que no sucedía hace 5 millones de años.

¿No les aterra pensar que estamos rompiendo todos los récords incorrectos? la solución ya está planteada por la ciencia: reducir las emisiones a la mitad en los próximos diez años si queremos evitar daños irreversibles para nuestro planeta y consecuencias aún más devastadoras para nosotros.

Qué calor, qué calor

¿Han sentido veranos más intensos en los últimos 22 años? si pueden recordarlo están en lo cierto. De acuerdo con la Organización Metereológica Mundial, los años más calientes de los que se tiene registro se han presentado desde el 2008. Yo sé que muchos creemos que este ha sido un año particularmente peligroso debido a la pandemia, pero el 2019 fue el segundo año más cálido en la historia.

Basta con pensar en los devastadores incendios que vivió Australia, el año pasado fue el más cálido y seco para ese país. Y es que “desde los años ochenta, cada década ha sido más caliente que la anterior”, según un comunicado de la organización.

Pero el incremento en la temperatura es solo la punta del iceberg: años más calientes significan un nivel del mar sin precedentes, más deshielo y fenómenos meteorológicos extremos. En conclusión: más riesgo para nosotros.

La extinción ya no es solo de dinosaurios

Todos hemos soñado con estar en ese lugar donde habitan especies increíbles que conocemos gracias a documentales o películas. Nuestros hijos, probablemente, querrán disfrazarse de su animal favorito para este Halloween, pero ¿qué pasaría si aún siendo una rana nadie los reconociera?

Pensamos que este tipo de escenarios son exagerados, pero los estudios científicos nos dicen lo contrario. Debido a la transformación de hábitats naturales y el cambio climático, cerca de un millón de especies con las que compartimos el planeta podrían desaparecer.

La extinción es un proceso propio de la naturaleza. Sin embargo, nuestras acciones lo han acelerado a tal punto que podríamos enfrentar una sexta extinción masiva. No olvidemos que cada especie cumple una función específica en el ecosistema, sin ellas los hábitats naturales tendrán una menor capacidad de resiliencia frente a variaciones tan drásticas como el cambio climático.

La salud del planeta es nuestra salud

Recordemos el origen de esta pandemia. Y no se trata solo de enfermedades de origen animal con las que estaremos cada vez más en contacto si continuamos sacando a las especies de sus hábitats. A mayor temperatura, menor calidad del aire, menor rendimiento en los cultivos y más posibilidades de contraer enfermedades infecciosas.

Las ciudades, por ejemplo, donde vive la mayor parte de la población mundial,   son responsables del 70% de las emisiones de CO2 a escala global. ¿Y cuál es su apuesta para tener un aire más puro y limpio? necesitamos planes reales y urgentes para tener transporte público menos contaminante, un mayor espacio para zonas verdes y una verdadera integración de la naturaleza.

Una invitación para este Halloween: ¡enfrentemos nuestros miedos!

Sé lo abrumador que puede resultar conocer todos estos datos y cifras alarmantes. Sin embargo, la información es poder y en nuestro caso un poder para actuar de otra forma, una más respetuosa con la naturaleza y más consciente del futuro que estamos construyendo para nosotros y las futuras generaciones. El cambio climático y la pérdida de naturaleza no se irán cuando nos quitemos el disfraz o prendamos las luces. La única forma es elegir mejor y esto aplica tanto en nuestras decisiones cotidianas como a la hora de votar por nuevos gobernantes